Ayudando desde el Encierro

Ayudando desde el Encierro

La pandemia y sus limitaciones han convertido en un verdadero desafío el poder ayudar al prójimo, ya que nos encontramos en una encrucijada de supervivencia, donde salir de casa significa exponer a los nuestros. Sin embargo, Dios se provee de sus hijos que en medio de la necesidad no dejan de dar, sin recibir nada a cambio. Jonathan Gareca, es un joven de 19 años de edad que decidió hacer la diferencia sin tener mucho.

Semanas atrás posteó en su cuenta de Facebook un video donde guisaba en una cocina de barro, ya que no contaba con una garrafa de gas que es de uso domiciliario básico en Bolivia. Muchos se mostraron empáticos con esas imágenes y lo apoyaron anónimamente. Él cuenta que todos los días cocinaban en su Q’uncha (cocina hecha de barro, encendida con leña y fuego) – “papá ya no tenía con qué comprar garrafa, entonces yo decido salir a vender gelatinas a los mercados juntamente con Dennis, mi compañero, y todos los días vendíamos, nos fue bien.” Menciona.

Gracias a la humildad que lo caracteriza, pudimos conocer su corazón. Nos contó cómo Dios le mostró la necesidad aún mayor de su compañero luego de escuchar de sus labios la dolorosa situación por la que él también estaba atravesando. Conmovido, decidió darle toda la ganancia de lo vendido, pese a la necesidad económica que él mismo tenía. 

Ese trato de Dios, comenzó una noche, en un tiempo de oración. El Señor le mostró que podía ayudar a su prójimo.“Esa noche me puse a orar en mi cuarto, antes de dormir y Dios puso ese sentir de darle todo el dinero que ganamos vendiendo gelatinas a Dennis, pues era él quien necesitaba más testifica Jonathan. Esa noche él sintió la gran necesidad por la que barrio estaba pasando. Comprendió que habían muchos Dennisen su barrio y tenía que hacer algo al respecto. 

¿Cómo lo hizo?

Aunque al principio le costó mucho, por la necesidad que su propia familia enfrentaba, obedeció a Dios. Después de entregar a su amigo toda la ganancia, Jonathan testifica que Dios le devolvió el triple de lo que había entregado tan solo un día antes. Al ver la respuesta de Dios, tomó mayor determinación de continuar. En esa misión él no estaría solo ya que Dios lo rodeó de un grupo de jóvenes, junto a los cuales repartió alimentos en las casa más vulnerables de su barrio. ¿Cómo reclutó ese equipo? Él sabía que no podría hacerlo solo, así que invitó a sus compañeros de barrio a una reunión en su casa donde les explico el plan. – “Aprendí a liderar porque tenía alrededor de 30 jóvenes que me apoyaron en las actividades, he aprendido a liderar porque no todos eran cristianos, sólo 5 personas, entonces aprendí a lidiar con ellos porque todos tenían distintos caracteres, aproveché la situación para hablarles de Cristo” dijo, y aunque se encontró con críticas en el camino, siguió compartiendo la Palabra de Dios en cada casa que ayudaba.

Jonathan llegó a influenciar a muchos jóvenes a solidarizarse con los demás, y no desperdició la ocasión de sembrar la Palabra a través del amor. Mateo 25: 35 dice: porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed, y me diste de beber; fui forastero y me recogiste. ¡A Él sea toda la Gloria! 

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