Combatientes de la milicia celestial

Combatientes de la milicia celestial

2Timoteo 2:3  Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.

 

A medida que crecen nuestras pruebas necesitamos fortalecernos más en lo que es bueno; nuestra fe, más fuerte; nuestra resolución, más fuerte; nuestro amor a Dios y Cristo, más fuerte. Esto en oposición a que seamos más fuertes según nuestro propio poder.

Todos los cristianos, pero especialmente los ministros, deben ser fieles a su Capitán, y resueltos en su causa. El gran afán del cristiano debe ser agradar a Cristo.

Tenemos que esforzarnos para dominar nuestras concupiscencias y corrupciones, pero no podemos esperar el premio si no observamos las leyes. Debemos poner cuidado en hacer el bien de manera correcta, para que no se hable mal del bien que hacemos. Algunos que son activos, desperdician su celo en las formas externas y en disputas dudosas. Pero los que luchan lícitamente serán coronados al final.

Si deseamos participar de los frutos, debemos trabajar primero; si deseamos ganar el premio debemos correr la carrera. Debemos hacer la voluntad de Dios antes de recibir lo prometido, para lo cual necesitamos paciencia. Junto con nuestras oraciones por el prójimo, para que el Señor les dé entendimiento en todo, debemos estimularlos y exhortarles que consideren lo que oyen o leen.

¿Cómo puede uno esforzarse en la gracia? Gracia significa favor inmerecido. Así como somos salvos por gracia, debemos vivir por gracia. Esto significa confiar por completo en Cristo y su poder, y no tratar de vivir en Cristo sólo en nuestras propias fuerzas. Reciba y utilice el poder de Cristo. Él le dará la fortaleza para hacer su obra.

Si la iglesia siguiera con firmeza este consejo, se expandiría geométricamente en la medida que creyentes bien enseñados enseñen y comisionen a otros los que, a su vez, harán lo mismo con otros. Los discípulos necesitan ser equipados para transmitir su fe. El trabajo no estará hecho sino hasta que nuevos creyentes sean capaces de hacer discípulos de otros.

Al predicar y enseñar, Timoteo enfrentaría sufrimiento, pero resistiría. Pablo usó la comparación de soldados, atletas y agricultores, todos los cuales deben disciplinarse a sí mismos y estar dispuestos a sacrificarse para lograr los resultados que quieren. Como los soldados, debemos renunciar a la seguridad mundana y someternos a una disciplina rigurosa. Como los atletas, debemos entrenar duro y someternos a las reglas. Como los agricultores, debemos trabajar arduamente y saber esperar. Nos mantenemos firmes a pesar del sufrimiento porque pensamos en la victoria, la visión del triunfo y la esperanza de la cosecha. Veremos que el sufrimiento vale la pena cuando alcancemos la meta de glorificar a Dios, ganar personas para Cristo y vivir eternamente con Él.

Pablo le dijo a Timoteo que reflexionara en sus palabras y que Dios le daría la visión. Dios habla a través de la Biblia, su Palabra, pero nosotros necesitamos estar abiertos y receptivos a Él. Cuando usted lea la Biblia, pídale a Dios que le muestre sus verdades eternas y la forma de aplicarlas a su vida. Considere luego lo que ha leído y medite en ello. Dios le dará entendimiento.

Debido a que Dios examinará la clase de obreros que hayamos sido, edifiquemos nuestras vidas sobre su Palabra y edifiquemos la misma sobre nuestras vidas, porque sólo ella nos dice cómo debemos vivir para Él y servirle. Los creyentes que ignoran la Biblia ciertamente serán avergonzados en el juicio. Un estudio constante y diligente de la Palabra de Dios es vital, o de otro modo seremos adormecidos en negligencia hacia Dios y en nuestro verdadero propósito para vivir.

En áreas importantes de la enseñanza cristiana, debemos manejar nuestros desacuerdos con sumo cuidado. Pero cuando discutimos por largo tiempo sobre palabras y teorías que no son centrales en la fe cristiana y en la vida, lo único que hacemos es provocar enojo y herir sentimientos. Aún si tales «vanas palabrerías» conducen a una resolución, obtienen muy poco en favor del Reino. Aprender y discutir no son malos en sí mismos, a menos que mantengan a los creyentes constantemente expuestos a doctrinas falsas o trivialidades que no ayudan. No permita que ninguna cosa lo aleje de su trabajo y servicio a Dios.

 

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