CONFIANDO EN JESUCRISTO

CONFIANDO EN JESUCRISTO

Salmos 37:5  Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.

 

Proverbios 16:3  Encomienda a Jehová tus obras, Y tus pensamientos serán afirmados.

 

Se recomienda la confianza serena y uniforme en Dios y la integridad constante, en vista de la bienaventuranza de los piadosos, contrastada en sus varios aspectos con la ruina final de los malos. Así se reivindican la sabiduría y la justicia de Dios, y se explican las aparentes desigualdades que incitan las especulaciones de los malos y la falta de fe de los humanos. La historia personal de David ilustra abundantemente el salmo.

 

 

Los versículos 1 y 2. Expresan el sentimiento general de todo el salmo. Los justos no deben inquietarse por la prosperidad de los inicuos, porque es pasajera, y el fin de ellos, indeseable.

3 espera, vive tú, reposa tranquilo. Serás alimentado, aliméntate de la verdad, de la promesa de Dios  Salmos 36:5 Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, Y tu fidelidad alcanza hasta las nubes. 4 peticiones deseos expresados, lícitos y justos, verdaderamente buenos 5 encomienda, etc. (Proverbios 16:3 Encomienda a Jehová tus obras, Y tus pensamientos serán afirmados.) Las obras: lo que debes hacer y no puedes, expresado como una carga. Espera Confía en él. El hará lo que tú no puedes.

 

Este salmo es acróstico (composición poética que contiene letras al inicio, en medio o al final de sus versos) con las que se puede formar una palabra o una frase. Y trata sobre los secretos caminos del Destino en la vida de los hombres. Los justos despreciados no comprenden por qué prosperan los impíos en esta vida, mientras que ellos se consumen en la incomprensión y la postergación en la sociedad. Es el mismo problema planteado por el libro de Job. La solución está en los secretos designios divinos sobre la humanidad, pues aunque de momento parece que los impíos prosperan, en realidad, los justos serán los que al fin saldrán victoriosos y reconocidos en su virtud.

 

El salmista no desarrolla lógicamente el pensamiento, sino que se limita a hacer afirmaciones sobre la aparente prosperidad de los impíos y sobre el futuro dichoso del justo que confía en Dios. El estilo se asemeja en parte a las reflexiones del libro de los Proverbios, llegará día en que los justos al fin prosperarán, mientras que los impíos serán desenraizados de la tierra.

 

En realidad, la perspectiva del salmista no se extiende a la retribución en ultratumba, que es la idea clave para descifrar la Providencia divina respecto de los hombres; para el cristiano, la verdadera vida está en el más allá, en la tierra prometida, en la nueva Jerusalén y ésta, con sus sufrimientos y contrariedades, es la escuela para conseguir aquélla. La solución al problema de los sufrimientos del justo se limita a declarar que los caminos de la Providencia son misteriosos y, por tanto, que el hombre debe someterse humildemente a ellos.

 

La solución es: confianza en Dios y esperar el tiempo de su manifestación justiciera con los impíos y de retribución al justo en esta vida. Naturalmente, estos principios se basan en el sentido de solidaridad que existía en el A.T. La justicia de Dios, si no se manifestaba en vida del justo, se manifestaría algún día en su descendencia; y esto era ya una satisfacción y un consuelo para el justo atribulado. Al fin, el veredicto de la historia y de la Providencia a través de los tiempos estaría a su favor. El hombre vive en su posteridad, que le representará en la sociedad cuando él desaparezca.

 

Desde el punto de vista literario, este salmo tiene mucho de parecido con el libro de los Proverbios; es medio lírico y medio didáctico. La distribución estrófica según las distintas letras del alefato hebreo es normal, pero la característica literaria es la de un poema sapiencial. El salmista es como el “sabio” lleno de experiencia, que da consejos a los que se sienten inquietos por el triunfo de los impíos en la vida.

 

Proverbios 16:3  Encomienda a Jehová tus obras, Y tus pensamientos serán afirmados.

 

Este vocablo implica tanto fe en el Señor, como sumisión a su voluntad, de modo que no hay conflicto entre sus propósitos y los planes del hombre.

 

Hay diferentes formas de fracasar al encomendar a Dios cualquier cosa que hagamos. Algunos solo encomiendan su trabajo de manera superficial. Dicen que su proyecto es para Dios, pero en realidad es para ellos mismos. Otros tienden a dar a Dios el control temporal de sus intereses, solo para quitárselo en el momento en que las cosas dejan de marchar de la manera en la que esperaban. Aun así hay otros que encomiendan su tarea por completo a Dios, pero no ponen ningún esfuerzo de su parte. Debemos mantener un balance: confiar en Dios porque todo depende de Él, y trabajemos como si todo dependiera de nosotros, porque también es importante poner de nuestra parte, caso contrario nuestra fe sin obras es muerta.

 

Una ilustración sobre confianza

 

Una señora muy pobre y humilde telefoneó a un programa cristiano de radio pidiendo ayuda. Un brujo que escuchaba también el programa, consiguió la dirección de la necesitada, llamó a sus secretarios y ordenó comprar los alimentos y víveres; los más caros y que los llevaran  hacia la mujer; pero con la siguiente condición instruida a sus vasallos. “…cuando ella pregunte quién mandó  los alimentos, respondan que fue el diablo.

 

Cuando llegaron a la casa de la humilde mujer, ella los recibió con alegría hasta saltos de felicidad, fue guardando lo que recibió…y los miró…había silencio…nadie decía nada. Al ver que ella no preguntaba nada, ellos le dijeron “SEÑORA… ¿NO QUIERE SABER QUIEN LES ENVIÓ TODAS ESTAS?

 

La mujer con la simplicidad de la fe respondió… “NO MI HIJITO, NO ES PRECISO PREGUNTAR, PORQUE CUANDO DIOS MANDA…HASTA EL DIABLO OBEDECE.

 

Con todo lo que hemos hablado, ahora te corresponde a ti entregarle al Señor toda la confianza, para que recibas mucha bendición…amen

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