¿Cómo puedo volver a empezar?

¿Cómo puedo volver a empezar?

Ésta reflexión que habla de aquellas situaciones en las que por alguna razón caes, pero sobre todo nunca olvides que tienes el derecho a levantarte y Volver a Empezar. No importa cuántas veces caíste, si cada vez te volviste a levantar. El éxito en la vida no consiste en la prisa de correr, si no en llegar. No importa si perdiste una partida, acepta que ganaste en experiencia. La carrera de la vida no se trata de rapidez, sino de resistencia. En media del error ten la grandeza de decir: Me Equivoqué Y si caíste estando a punto de llegar… Ten el VALOR de Volverte a LEVANTAR y de… VOLVER A EMPEZAR

 

1Reyes 19:7  Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta.

 

Aquí vemos otro aspecto del carácter de Elías, un aspecto más humano, frágil y falible. Le tuvo tanto terror a Jezabel que huyó al desierto ubicado al sur de Beersheva, que no solo quedaba fuera de la frontera de Israel sino más allá del límite sureño con Judá. Allí, en profunda depresión y desconsuelo, oró que se le dejara morir. No hay ninguna indicación de que hubiera pensado viajar más que hasta allí. La jornada que emprendió luego, se hizo posible gracias a un ángel (o tal vez simplemente “un mensajero”) quien vino a ministrarle. El fin de la jornada era el monte Horeb, el mismo lugar donde Dios había comisionado a Moisés (Éxodo 3) y luego apareció en densa nube, en fuego y en trueno para darle los Diez Mandamientos a Israel (Éxodo 19:20).

 

En el monte Carmelo vimos a Elías, el gran líder espiritual, salvando a Israel con su fe y fidelidad. En el monte Horeb lo vemos débil, equivocado y con la necesidad de ser disciplinado. La primera pregunta de Dios, muestra que aunque el mismo mensajero de Dios le ayudó a hacer el viaje, en verdad, Elías no debería haber ido. La respuesta de Elías desvalora completamente lo que aconteció en el monte Carmelo. El ignoró la victoria de Dios sobre Baal como si no hubiera logrado nada; y lo que implica es que el pueblo no valía la pena debido a su falta de fe. Prefirió olvidarse del fiel Abdías y de la posibilidad de que hubiera muchos otros como él. Tal vez interpretó la posición de Abdías en el palacio real como señal de debilidad y tolerancia al pecado. Una vez más declaró que era el único profeta de Jehovah que quedaba vivo (ver 18:22), y de esa manera desvaloraba a los 100 profetas que él sabía que Abdías había escondido en cuevas. Se supone que dado que no salieron en su defensa se les podía ignorar por ser totalmente inútiles. Lo irónico del caso es que Elías está ahora resguardándose en una cueva, y convenientemente pasa por alto el hecho que él mismo vivió escondiéndose por tres años y ya había mostrado su propia debilidad al huir.

 

Mientras Elías estaba de pie a la entrada de la cueva, Dios pasaba. Viento, terremoto y fuego se manifestaron en sucesión, pero se dice que Dios no estaba en ninguno de ellos. Después sucedió un fenómeno distinto. La traducción un sonido apacible y delicado no hace justicia a la expresión hebrea enigmática que tal vez se debería traducir “un corto sonido de silencio”. Aunque el texto no lo dice explícitamente, sí sugiere que al fin Dios pasaba en el silencio que seguía a la tormenta.

 

Estos acontecimientos demuestran vívidamente que Dios no siempre trabaja en manera visible y dramática; puede elegir estar presente silenciosamente. Esto pone en tela de juicio el diagnóstico de la situación que Elías había dejado, porque Dios puede obrar en maneras que ni sus siervos pueden detectar.

 

Sin embargo, cuando Dios repitió la primera pregunta, Elías respondió de la misma manera. Dios no repitió la lección sino que le dio a Elías instrucciones de ungir a tres personas quienes, en diferentes maneras, llevarían a cabo la obra de purificar a Israel. Las instrucciones concluyeron con la información que Dios tenía no menos de 7.000 seguidores fieles en Israel La lección del silencio se impuso por la reprimenda final. Elías había desechado la fe de todos excepto la de él mismo; no había querido apreciar la manera en que Dios estaba obrando.

 

Con frecuencia se sugiere que Elías sufría de depresión. La depresión puede tener varias causas distintas (desde la ira reprimida hasta una deficiencia de vitaminas) y no debemos asumir que cuando estamos deprimidos nuestro problema es el mismo que el de Elías, o que el de él es el mismo que el nuestro. En su caso, la depresión y el desánimo parecen haberse originado en la perspectiva errada que tenía. El subestimó sus propios éxitos y también menospreció la contribución de los demás. La solución, al menos en parte, fue que él pudiera vislumbrar la situación desde el punto de vista de Dios. Lo mismo vale para nosotros cuando enfrentamos desalientos en la vida cristiana.

 

Ahora mismo que es lo que te está ocurriendo, lo dije una vez y lo repito, el problema no es caer, el problema es no levantarse y seguir adelante.

 

Elías experimentó la intensidad de la fatiga y del desaliento después de sus dos grandiosas victorias espirituales: la derrota de los profetas de Baal y la respuesta a su oración por lluvia. A menudo, después de grandes victorias espirituales, llega el desaliento, especialmente aquellas que requieren esfuerzo físico o que producen una gran emoción. Para sacarlo de la depresión, Dios permitió primero que Elías comiera y descansara.

 

Luego, lo confrontó con la necesidad de regresar a su misión en la vida: hablarle de parte de Dios a Israel. Las batallas de Elías no se habían terminado, todavía había trabajo que realizar. Cuando se sienta deprimido después de una gran experiencia espiritual, recuerde que el propósito de Dios para su vida todavía no se ha terminado; es decir, aún no hemos visto nada de los maravillosos milagros que el Señor nos está preparando para nosotros sus hijitos.

 

1Reyes 19:8  Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.

De levantarnos solos, la recaída será más pronto de lo que te imaginas, pero tomado de las manos del Señor, las victorias son permanentes.

 

 

 

 

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